El Blog de la CEFH

Este es un medio libre y sin censura, donde tanto los Estudiantes, Profesores y Funcionarios de la Facultad de Filosofía y Humanidades UCH pueden exponer sus opiniones sobre temas de interes, tanto nacional como de la comunidad.

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domingo, 22 de enero de 2012

El conflicto de la derecha frente a una educación democrática y equitativa

Por Isabel Torres Dujisin.
Académica del Departamento de Ciencias
Históricas de la Universidad de Chile.

 Si algo podría caracterizar la cultura política de la derecha es su desafección hacia el Estado y su displicencia por la educación pública. El Estado es visto como la expresión de lo público, y esto asociado a lo mediocre, en contraste con lo privado que para éste sector es donde radica lo substancial e imprescindible. Cuando se ha tratado de la educación como bien público, no ha sido este sector quien ha impulsado las grandes transformaciones de inclusión en el país.

Fueron los gobiernos radicales los que sostenían que “educar es gobernar” cuando se dictó la ley de instrucción primaria obligatoria. Luego, en el gobierno de “los gerentes” como se llamó al de Jorge Alessandri, no se implementó ninguna reforma significativa. Hubo que esperar el gobierno de Frei Montalva para la ampliación de la educación obligatoria a ocho años y durante el año 1967, en el proceso de reforma universitaria, frente a la consigna de “Universidad para todos” impulsada por el movimiento universitario, el gremialismo, representación de la derecha en la Universidad, la contrarrestaba con “Universidad para los mas capaces”.

Durante el gobierno de Allende, la educación representó una preocupación central. La controvertida ENU, tenía como principal objetivo la democratización a través de la ampliación de la cobertura, garantizando el derecho a toda la población de acceder a educación más allá de la educación media junto a la creación de un sistema unificado.

El régimen autoritario introdujo grandes cambios que buscaban cambiar el paradigma del rol de Estado en la educación, limitándolo a ser un ente regulador que delega su responsabilidad en educación a corporaciones privadas las que juega un rol muy importante, como también en los municipios que no siendo privados, reflejan las grandes diferencias socioeconómicas del país.

Durante los gobiernos de la Concertación, se avanzó progresivamente en reformar el sistema educacional con programas de mejoramiento de la calidad y equidad de la educación básica y media, extendiendo la jornada escolar, fortaleciendo la labor docente y en infraestructura, pero no se abordó una reforma estructural.

En la actualidad, y después de casi medio siglo que la derecha vuelve al gobierno vía elecciones democráticas, se enfrenta nuevamente a su atávica concepción del Estado, que es visto como ente ineficiente, privilegiando la iniciativa privada y el papel del mercado como regulador de todos los sectores de la economía. Y como lo declara el presidente, se cree “en la libertad de enseñanza, en la libertad de los padres de elegir la educación para sus hijos”, libertad así entendida, es la causante que la gran segregación actualmente existente.

En esa lógica se pensaba que frente a la educación superior, bastaba con levantar una propuesta que contemplara una flexibilización de la gestión y los sistemas de control, que frente al endeudamiento estudiantil bastaba con ofrecer una reprogramación de los morosos y comprometerse con nuevas becas y créditos sin diferenciar por tipo de institución.

Esa idea originaria no les fue posible de implementar, porque a pesar del debilitamiento y crisis de la oposición, emergió un movimiento social que ha logrado instalar en la sociedad, la convicción de que la educación enfrenta de una crisis profunda y es deber del Estado garantizarla como un derecho de todos los ciudadanos.

La pregunta que salta a la vista es cómo un gobierno que desprecia el Estado, y que la democratización de la educación no está en el centro de sus preocupaciones, pretende enfrentar las demandas que hoy se han instalado como verdaderas catedrales, inamovibles. La resolución de esta situación conlleva costos altos, no solo económicos, sino principalmente culturales.

La solución a la demanda de un sistema de educación público, estatal, gratuito de calidad para todos, representa una reforma estructural y entregar al Estado un rol fundamental.

Su sostenido desprecio por el Estado, hoy les juega una mala pasada, se enfrentan a un conflicto en que su efectiva solución, se basa en que el Estado asuma un rol fundamental.

Para la derecha no le va a ser fácil seguir éste derrotero, porque se va ha enfrentar a una contradicción de fondo que puede llevarla una y otra vez a tener que renegar de lo han defendido históricamente. Hay que ver hasta donde están dispuestos a llegar, si su objetivo es conservar el poder.
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viernes, 9 de diciembre de 2011

Es un hombre de principios

Por William Tapia Chacana.
Estudiante pregrado Filosofia
de la Universidad de Chile

 Escrito fechado el 22 de Septiembre del 2011

Han escuchado en algún momento decir a alguien: "éste es un hombre de principios"....Esto normalmente viene seguido de la frase: "él no deja nunca su mano a torcer". Lo interesante de ello es el valor que adjudicamos a las personas de ese estilo. Se dice que incluso son grandes líderes, pues mueven a otros para ser como ellos, hombres de convicciones "duras", incapaces de romperse ante nada ni nadie.
¿Cuál será la explicación a este fenómeno? -quizá entendiendo que al nóumeno no se llegará jamás, es decir, a la explicación total, a aquello que "sea" en sí misma la cuestión- ¿Por qué se piensa que los hombres de convicciones y principios, que no dan su mano a torcer son deseables, ídolos de todas las edades, ejemplos a seguir?

Jamás he entendido que tiene "de bueno" el ser así. Pensemos en la democracia. Un hombre que no da su mano a torcer, que no deja que el resto le cambie sus convicciones o sus principios, es un hombre indeseable democráticamente. Una persona que jamás pensará en cambiar sus propias posiciones, jamás podrá cambiar su parecer. Quizá siempre piense que el resto no son tan inteligentes como él para ver la verdad, o quizá piense que el resto, aún con cierta verdad, no ven la totalidad del asunto.
Ahora, también hay movimientos que se les tilda de tal. Casi como oleadas de una sola convicción que trasciende a todo sujeto que forma parte de él. Hombres todos unidos bajo una sola bandera, sin que se escape quizá una sola manifestación de individualidad o de pensamiento propio, a mor de parecer un insurgente que quiere romper con el devenir del propio movimiento, tal como "el curso de una corriente", así tal cual pensaba Arendt.

Desde el punto de vista democrático-clásica, donde se supone toda posición valiosa y del mismo valor, tal movimiento de una sola bandera y convicción es indeseable desde el punto de vista universal, es decir, ¿qué necesidad de democracia habría si toda posición es la misma? ¿Para qué votar si todos pensamos igual?

Si todo esto lo llevamos al análisis de lo que ocurre hoy en día en Chile, acerca de la temática estudiantil, quizá pudiésemos sacar varias conclusiones. Y es que, analizando la figura de Piñera, y sus propuestas acerca de que la educación es un "bien de consumo", o el nombre con que llama a las distintas propuestas como "GANE" o "FE" se puede decir que es un hombre de convicciones, un hombre de principios, pues no da su mano a torcer, nadie le puede decir qué hacer o qué pensar, nadie puede hacerle cambiar de parecer, pues sus convicciones son sólidas como roca pura, imposibles de quebrantar o al menos de erosionar en algún nivel. Es un hombre que cree en el neoliberalismo y en la cristiandad -fenómeno más particular aún la mezcla que en chilito se da de liberales y conservadores en una sola persona, cosa fascinante-, cuyas premisas, cuyos conceptos, teoremas, etc. no son discutibles. La pregunta es, ¿queremos a un hombre así siendo Presidente de esta magna república? ¿Queremos a un señor de fundamentos e ideologías intratables en una democracia?

Y se ha dicho por otro lado que el movimiento estudiantil en Chile tampoco dará su mano a torcer. También hay una convicción, principios que no caben discutirse, que no hay posibilidad de torcer la mano de los dirigentes estudiantiles, no hay forma de hacerles entender que deben quebrantar sus propuestas en pos del acuerdo mutuo al que se debe llegar. Quizá haya algo de eso. Puede ser que también se de el fenómeno de "fundamentalismos" e "ideologías" que muchos comparten y que componen el grueso del estudiantado. Pero no es tal, si se miran las distintas circunstancias que ha tenido que recorrer el movimiento. Si bien hay sujetos que creen tener la razón a toda costa, y no piensan ni un ápice en lo que puede pensar el resto, pensando de seguro que los demás están equivocados, las circunstancias demuestras elementos contrarios. Tanto Jackson como Vallejos están pensando ya en la reformulación del movimiento, de tal manera de respetar la apremiante situación de perder créditos y becas que muchos necesitan. En distintas asambleas, ante la premura de la necesidad, están estudiando fórmulas para el cierre de semestres. Se han dejado torcer las convicciones de siempre marchar "por las grandes alamedas". Se ha querido fortalecer la educación pública, sin pretender cerrar los proyectos privados que hayan en educación, siempre y cuando cumplan con la ley. Es decir, a medida que han habido circunstancias que lo ameriten, se han dejado torcer la mano, mientras el gobierno no ha torcido su mano de convicciones y principios que los trascienden.

Así que no me vengan a decir que los estudiantes están "ideologizados", que somos casi "fundamentalistas" que queremos que el Estado haga todo, como si atacaramos el sistema mixto, o la libertad de elección de los padres a elegir la enseñanza de los hijos. El movimientos se compone, en gran parte, de sujetos de convicciones al mejor postor, quien sepa algo lo debe decir y compartir al resto, las cosas se discuten, se transan en el mercado de las ideas, todo baja "a las bases para ser discutido". ¿Acaso han escuchado a Piñera decir "vamos a preguntarle a la ciudadanía, a aquellos que nos dieron su voto"? 
Piñera.....un hombre de principios.


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sábado, 3 de diciembre de 2011

BAJO LA EDUCACIÓN PÚBLICA, GRATUITA Y DE CALIDAD… EDUCACIÓN POPULAR

Por Esteban Miranda Chávez.
Estudiante Pregrado Historia
de la Universidad de Chile
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¿Qué quedará tras la movilización estudiantil? ¿En qué desembocará la efervescencia de todo un país que ha vuelto a mirar sin miedo a los de arriba? ¿En qué terminará la “democracia” de elegir entre lo malo, el mal menor? ¿Qué será de las tomas, los paros, los cacerolazos y las multitudinarias marchas? Aunque es imposible negar que sea cual sea el resultado de estas movilizaciones significará un paso más el rescate de las batallas que tantas veces nos dijeron estaban perdidas, cabe preguntarnos qué pasará después, ¿volveremos acaso al letargo en el cual estábamos sumergidos? ¿Nos conformaremos con cambiar así, grosso modo, las dinámicas de la educación? ¿Serán los caminos institucionales capaces de generar los espacios para la construcción de lo que, más allá de la consigna, soñamos?

Pues para quienes creemos en la necesidad de re-crear el mundo, las coyunturas no bastan, y, entendiendo que la batalla es de largo aliento, des-ordenamos el escenario actual, teniendo claro que más temprano que tarde –y luego de haber removido lo suficiente los cimientos del sistema actual- deberemos abrir paso a la organización de nuevas realidades. Y es que el cambio esencial se esconde más allá incluso de la tan bullada gratuidad o “calidad”, y trasciende la idea de petición, de exigencia… de súplica. El cambio –o al menos uno de ellos- pasa por la construcción de una educación realmente liberadora y al servicio de los intereses de todos y todas. Y en ese camino, la lucha de estos seis meses ha sido más que necesaria, pero no debe ser concluyente, no debe terminarse allí, pues el cambio último debe continuar construyéndose con las pequeñas y generalmente anónimas acciones que se tejen bajo y entre el alcance del poder autoritario y central (occidental y masculino), y que se encuentran bajo la consigna de una educación “pública, gratuita y de calidad”. Porque, justamente, en la lucha por la construcción de un nuevo paradigma político, social y por sobre todas las cosas humano, no basta seguir los mismos parámetros ya implantados pero ahora en manos de “otro bando”, sino que establecer y re-crear relaciones humanas y sociales cada vez más horizontales y menos autoritarias. Y como –parafraseando al tan citado pero siempre inspirador Paulo Freire- sería iluso pensar que los opresores practicasen una educación liberadora, no serán las estructuras institucionales y burocráticas quienes nos entreguen lo que soñamos, no lo fueron antes y no lo serán mañana. Los únicos capaces de cimentar educación, de generar y poblar en espacios autónomos NUESTRA EDUCACIÓN, somos nosotros, como sujetos y sujetas sociales en plena acción y construcción del futuro.

Y en esa tarea es importante también entender que, aunque los de arriba crean que todo seguirá igual cuando las plazas y las avenidas “vuelvan a la normalidad”, y aunque muchos “de abajo” piensen que ganando una vez se termina la pega, la verdad es que en el mañana nos aguarda la gran tarea de seguir rompiendo el silencio de los espacios domesticados, de dejar de suplicar y comenzar a construir y co-crear poderes-lejos-del-poder. Porque el cambio va más allá, y debe buscar su nuevo punto de partida en subvertir lo más íntimo de las relaciones pedagógicas, desbordando los cauces institucionales y construyendo realmente la educación que TODOS queremos, no unos pocos, no los iluminados de siempre.

Porque tarde o temprano la educación debe rescatar el apellido que a fuerza –pero también a suave desidia o complicidad involuntaria- le han arrancado: popular. Tarde o temprano, esas miles de pequeñas iniciativas que nacieron como espacios de re-encuentro y manifestación, de conversación y de rabia, sumadas a las que resisten hace siglos, darán a luz nuevos espacios en donde todas y todos eduquen y sean educados, darán a luz una educación al servicio de la liberación humana y la memoria colectiva, una educación donde re-pensemos y re-vivamos la importancia de la palabra y de la acción, de los pensamientos verdaderos que con rebeldía regresan siempre a derrocar la vida que nos han impuesto.

Nuestra tarea hoy (pero también mañana) es re-significar y afectar el mundo desde la comunidad, fundar una realidad donde las tomas dejen de ser sólo instrumentales, donde las marchas dejen de ser “autorizadas” y vuelvan a ser –verdaderamente- un derecho de todo ser humano, donde las plazas y los barrios vuelvan a llenarse de ruido cotidiano y amistades con olor a barro, un mundo –como diría Galeano- donde la soga no encuentre pescuezo. Pero con calma, con laborioso trabajo de hormigas, sigiloso, subterráneo, porque como bien dijo el grandísimo Tato Iglesias, no hay que olvidar “cuando vuelvan los años de plomo, que son esas trabajosas y solitarias experiencias, aisladas y a menudo fracasadas, las que pavimentan las jornadas luminosas. Unas con otras cambian el mundo".
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sábado, 19 de noviembre de 2011

La democracia limitada

Lucas Miranda Baños.
Estudiante pregrado Filosofía de
la Universidad de Chile

-Artículo réplica a "Respuesta a la democracia que necesitamos" de Franscisco Díaz 
-Se hace alusión al texto original del autor "La democracia que necesitamos"

Pretendo hacerle una contrarréplica a Francisco por distintas razones.  Primero, porque sitúa la discusión en torno a la dicotomía entre democracia representativa y directa en un plano que no desarrollé por cuestiones de fondo y no por simple descuido. Segundo, porque en ese plano defiende afirmativamente una democracia representativa que subsume en última instancia a los movimientos sociales en la lógica de la política burguesa. Por último, una explicación de qué era lo que pretendía cuando detectaba en los conceptos de Nadine una “ascendencia liberal”.

En la línea de lo primero, debo decir que no pretendía considerar la democracia representativa en tanto que forma política del Estado chileno como una barrera a las demandas del movimiento estudiantil. Es, ciertamente, una barrera pero no la que interesaba destacar a la hora de posicionar la dicotomía entre democracia directa y representativa. Yo reivindiqué la democracia directa como forma de organización de un movimiento social en lucha contra los intereses estructurales del capital, en específico, en el ámbito de la educación; no buscaba, en ese momento, defenderla en tanto forma de organización de una sociedad particular; si esto último hubiese sido mi objetivo, venía al caso analizar la forma específica de la democracia representativa del Estado chileno. Reconozco que algunos de los ejemplos que di, como el de Atenas y el de la sociedad mercantil de Constant podían hacer entender lo segundo, no así los ejemplos de las distintas luchas desde la comuna de París hasta mayo del 68’. En todo caso, aun en los ejemplos “poco afortunados” me interesaba destacar el elemento dinámico-histórico de las luchas que convenían a ciertos tipos de democracia y de sujetos históricos y no el elemento tópico-sociológico que analiza las formas de democracia de sujetos sociales con características e interacciones fijas y no atravesadas por la lucha para transformar sus soociedades. Mi defensa de la democracia directa y crítica al concepto de ciudadano se centra en un movimiento social como el actual y no en la sociedad chilena como algo dado, por eso no venía al caso criticar la democracia representativa del Estado chileno y sí la de los organismos que componen el movimiento estudiantil. Francisco, para criticarme, lleva la discusión desde el plano dinámico de un movimiento social al tópico del Estado chileno.

No obstante, entrando en el plano tópico en que pone la discusión sobre las formas de democracia, tengo que replicar algunas cosas. Francisco cifra la imposibilidad de que “las demandas del pueblo puedan ser debidamente articuladas y luego en forma de ley aprobadas por el parlamento” en la forma de la democracia representativa específica de Chile y no en las democracias representativas burguesas en general. ¿En qué democracia occidental existe este “camino limpio” entre las demandas del pueblo y las leyes aprobadas en el parlamento? ¿Puede darse en una sociedad de clases una democracia reluciente y ciega a los intereses de las clases nacionales y el imperialismo internacional? No es posible responder aquí cabalmente a estas preguntas, sólo pensemos en el ejemplo que da Europa: modelo de países democráticos para los socialdemócratas del mundo que hoy en día sobrelleva una crisis económica del capitalismo mundial y las democracias representativas de algunos países con sistemas parlamentarios, voto proporcional  y representación de minorías se hallan en crisis política. En España “los indignados” (movimiento de base “ciudadana”) piden una “democracia real ya”, a unos políticos que “gobiernan para los banqueros”. En Alemania, donde con un 5% de votos cualquier grupo político obtiene escaños parlamentarios, se solicita algo parecido. Grecia es el caso más emblemático: un gobierno socialdemócrata que arrasa con las “conquistas del pueblo” agarrado de las faldas de Sarkozy y Merkel. En varias de estas democracias burguesas se dan las características que para Francisco serían la panacea de los problemas sociales chilenos y permitirían darle un nuevo contenido al “abstracto y desinflado “ciudadano” chileno”, sin embargo, en el contexto de la crisis actual sus “ciudadanos” no están contentos con su democracia. Francisco insiste en que bastaría superar las atrocidades de la democracia representativa “guzmaniana” para tener una “democracia de tipo ‘radical y virtuosa’ y no ‘protegida y viciada’, en donde el pueblo (los ciudadanos) lleva a cabo discusión política en la cual las mayorías pueden imponerse sin intervenciones instrumentalizadoras”. Debo decir que no sé en qué “mundo capitalista posible” hay indicios de que algo así se pueda dar.

Francisco apuesta (como vehículo para las demandas del movimiento estudiantil y otros requerimientos sociales) por un Estado con una democracia representativa en la cual, si bien hay representantes y parlamento, se den movimientos sociales que como “pueblo” pueden discutir e imponer cuestiones mediante mayorías. El problema central estaría en la forma de la democracia representativa chilena y no en las contradicciones sociales más profundas y la posición de Chile en el capitalismo mundial, a lo cual responde esta forma específica de democracia. Esta postura socialdemócrata (que -sólo por mencionarlo- forma el núcleo del proyecto político del PC) considera que para la magnitud social abarcada por un Estado con “antagonismos sociales, políticos, identitarios” conciliables y no en última instancia económicos y de clase, una democracia representativa óptima puede conciliar las diferencias, en el caso de  que logre desplazar a las minorías opresoras privilegiadas de la instrumentalización del Estado en general. Estamos frente a la “bella utopía” socialdemócrata en donde el verbo y el espíritu (y el voto) del “pueblo” o los “ciudadanos” se hace carne en el representante, quien hace de mediador en el Estado entre el anhelo de la sociedad actual y la gloria de la sociedad que se irá instaurando.

Respecto a la ascendencia liberal que detecto en los conceptos de Nadine, quisiera aclarar dos cosas. Primero, no lo hago para atribuir a Nadine una intención y adscripción subjetiva al liberalismo político, como si lo estuviera escondiendo y yo hiciera de delator. Me interesaba mostrar el plano, las posibilidades y los límites objetivos que “el ciudadano” y su ejercicio político representativo ofrecen. Para ello hago una esquemática genealogía recurriendo a un autor liberal que además de reivindicar a dicho sujeto social y político, hace él mismo una genealogía de las necesidades y el marco histórico en el que el ciudadano moderno y sus formas representativas se justifican. No quise decir que Nadine fuera una liberal encubierta, sólo intenté ilustrar las posibilidades y límites de “el ciudadano” como sujeto social y político y la democracia representativa mediante cierta genealogía histórica y conceptual a través del liberalismo de Constant.

En segundo lugar, precisamente porque el concepto y sujeto social “ciudadano” puede ser reivindicado –mutatis mutandis- por cierta subjetividad de izquierda no declaradamente liberal, resulta interesante mostrar su origen liberal y moderno. Me interesaba una caracterización dialéctica de un sujeto histórico y su concepto mediante la descripción de su límite (siguiendo el principio dialéctico de que “omnis determinatio est negatio”), el cual es a su vez histórico y delinea su devenir a través de negaciones y conservaciones de lo negado en otro elemento; así es como el concepto de ciudadano, originariamente burgués y liberal, incorpora internamente a su límite -a través de negaciones provenientes del movimiento obrero desde la segunda mitad del siglo XIX- una subjetividad de izquierda que conforma la socialdemocracia de ayer y de hoy en sus múltiples versiones. El sujeto político ciudadano-liberal tenía por sujeto social al capitalista, comerciante y pequeño-burgués que de lunes a viernes se preocupaba de sus negocios particulares, los sábados actualizaba sus lazos en el “club de caballeros” y los domingos comulgaba con su voto. Esta determinación exclusivamente burguesa del sujeto político ciudadano-liberal es lo que determinó a su vez el carácter específicamente censitario de la democracia representativa, justificada ideológicamente en que “sólo aquel que tiene cierto patrimonio dispone de la libertad material para votar”. El surgimiento del movimiento obrero y de masas posterior, junto con la socialdemocracia, niega la determinación exclusivamente burguesa de la categoría de ciudadano y amplia cuantitativamente el sujeto social de un sujeto político cualitativamente similar. Con esto se eleva la lucha de clases desde el plano puramente económico al plano de la política y la democracia representativa burguesa, lo cual en términos absolutos es una conquista de un espacio de lucha por parte de los oprimidos y explotados, pero en la medida en que la socialdemocracia establece como límite último y decisivo a la actividad política del proletariado el plano de la política burguesa, ciudadana, parlamentaria y representativa, la conquista se vuelve un beso de la muerte que constriñe las contradicciones en la lucha política a los límites de la sociedad capitalista.

Hoy en día los conceptos de “ciudadano” y de democracia representativa burguesa siguen incorporando “negaciones de izquierda” y su sujeto social es mucho más “plural”, activo y creativo que el de los liberales y el de la socialdemocracia clásica. El sujeto ciudadano y su concepto han tenido un desarrollo mediante negaciones internas ampliando su límite progresivamente, pero su origen y su posición demuestran en cada ocasión histórica de transformación social que su praxis no es capaz de superar las barreras del capitalismo. Mi intención al mostrar el origen burgués y liberal del concepto de ciudadano y de democracia representativa era señalar que por más que el ciudadano como sujeto político de la sociedad burguesa incorpore objetivamente a oprimidos y explotados revistiéndose de una subjetividad de izquierda, no puede superar la barrera del capitalismo debido a su nula injerencia e inserción en la estructura económica profunda del capitalismo y su función conciliadora de clase al propiciar una identificación y un compromiso con una comunidad política abstracta. En el caso concreto del movimiento estudiantil quería mostrar que en tanto movimiento ciudadano no ha podido ni siquiera agrietar esa barrera en el plano estructural de los intereses del capital en la educación chilena. Todo esto en el contexto de una crítica a Nadine y ahora a Francisco en su defensa del “ciudadano” y la democracia representativa como sujeto y forma de organización de un movimiento social con intención transformadora.
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jueves, 17 de noviembre de 2011

¿Cómo, educación de calidad? Señores, por favor, ¡sinceren las cosas!

Por Raúl Isaac Robles Chamorro.
Estudiante pregrado Filosofía
de la Universidad de Chile.

Si mal no entiendo, todo el dilema que en este momento nos perturba, es por la necesidad de una mejor educación; pero, en el proceso de discusión, con la consiguiente imposición de intereses propios, aplicación de dogmas, visiones generales del problema que se basan en egocentrismos, privilegio de los compromisos emocionales; como digo, todo esto nubla, sustituye, ensucia el “objeto puro” del debate, que básicamente está constituido por el concepto de calidad, el cual pasa a las sombras, se muestra una sola cara, y de este modo, la educación se ve reemplaza por ilusiones, se la permuta por “fantasmas”, “quimeras”, quedando un concepto parcial  de lo que es real y concretamente , posibilitando así que la memoria nos engañe con respecto a nuestro compromiso verdadero con ella ( además, hace mucho que no estudiamos, hemos “olvidado” lo que es y parece que por eso creemos que la calidad de estudiante es inherente solo a una matrícula).
     
Si consideramos que la educación posee un privilegio por su importancia en la vida del individuo y en la vida de un país, entonces, para ser consecuentes, debemos darle un trato que esté a la altura de su envergadura. Por esto, para restablecer la importancia que merece “la madre de todas las luchas”, esta debe ser abordada desde una perspectiva que permita una discusión de una índole tal, que nos posibilite acometer la trascendental tarea de hacer un cambio, para mejor, en la educación. Esta discusión deben consistir (y eso se dice) en un análisis profundo, que conlleva escudriñar en lo más recóndito, llegar a los fundamentos, y si es necesario, derrumbar los supuestos carentes de sentido y justificación, para así reconstruir el “edificio” desde cero, con nuevos cimientos, que permitan ir ascendiendo piso a piso con mucho menos suspicacia que al inicio con respecto a la validez de nuestras visiones sobre el asunto. Pero, si somos sinceros y si de verdad queremos llevar a cabo tal labor, si pretendemos emprender la empresa radical de reestablecer la salud de este enfermo que, al ser utilizado como cliché en discursos de muchos, se convierte en cadáver; entonces debemos tener presente que la educación no es un ente concreto, que sea independiente de quienes participan en su existencia. Somos varios sus progenitores, pero como metodología lógica, debemos partir por analizar nuestro aporte (o no aporte), nuestra injerencia en su desarrollo, y en definitiva, nuestra concreta relación con ella.
     
Lo nocivo de la hipocresía y de la ignorancia, a parte de la hipocresía en si y de la ignorancia en si, es no aceptar el que se es hipócrita y el no estar consciente de que se es ignorante. Los conmino a revelar sus verdaderas intenciones, saber el real por qué de la lucha, para poder ponderar el real estado de las cosas, y así, tomar decisiones con un auténtico conocimiento. Me gustaría saber si, como creo, la consigna de “educación de calidad” es sólo una presentación estética (y que por eso no se toma realmente en cuenta)  para algo menos estético (pero el verdadero motivo de todas las movilizaciones), como lo es lo monetario. Y para esto, o sea, para reconocer la verdadera relación que establecemos con la educación, primero debemos saber cuales son nuestros supuestos (ver si son prejuicios o si son ideas racionalmente justificadas), debemos estar conscientes de nuestras capacidades y nuestros limites, y de cual es el esfuerzo que colocamos en hacer de la educación algo de categoría. Todo esto nos permite evaluar cual es nuestro soporte, cual es nuestra “moral” para exigir calidad. Luego, si muchos de los que vociferan su sed de esa calidad, esto es, de maestros más calificados, de clases mejor preparadas, de mayor profundidad en los temas, de mayor exigencia en las asignaturas y sus evaluaciones ( porque para mi esto podría constituir la calidad que tanto se anhela y que debería bañar nuestra educación, entendiendo a esta última en si misma; aunque esto solo si esa es la calidad que se busca, ya que si no es así, solo me imagino que “calidad” tiene que ver con la infraestructura y con lo económico en general, y esto, no va al meollo del asunto, y es una concepción de educación de calidad superflua, o por lo menos secundaria), como digo, si los que desean mejor educación realizaran esa reflexión, esa introspección y se sinceraran consigo mismos, se darían cuenta de que no tienen derecho a reclamar una educación superior a la que han ayudado a fabricar. ¿Cómo exigir mejores profesores si ustedes, sujetos hábiles para protestar, no son capaces, en la actualidad, de ni siquiera ser estudiantes, y menos aún, de ser alumnos de calidad? ¿No les parece irrisorio ser pésimos pupilos y a la vez no querer que algo que depende de ustedes sea mediocre? ¿Acaso creen que los profesores no están calificados para realizar clases que sean dignas para sus mentes? ¿Acaso no sienten alivio cuando cierta asignatura posee un profesor flexible y permisivo, y en cambio, reclaman y sienten hostilidad cuando acontece lo contrario, es decir, cuando aparece un profesor exigente? Les respondo estas interrogantes: están en una tremenda contradicción, en un error, bajo el dominio de la irreflexión y bajo la tutela de la mencionada hipocresía. De verdad, no se de donde se consigue la gallardía para luchar por una educación de calidad y a la vez, en lo que respecta al aporte del alumno, no ser capaz de rendir con lo mínimo.
     
Ustedes legítimamente pueden afirmar “¿de donde saca este sujeto la idea de que no somos buenos alumnos?”, y yo les respondería: “de la experiencia”. Evidentemente no estoy diciendo que todos los alumnos o que todos los alumnos que están realmente movilizados no respondan y no hayan respondido a sus deberes como estudiantes, puesto que no creo en lo absoluto. Sin embargo, he estado presente cuando muchos dicen “solo necesito un 5 (o 4) para aprobar el ramo” “¡aprobé, a penas por una milésima, pero aprobé!” “no es necesario ir a esa clase, de hecho, nadie va a esa clase, pero igual es re fácil aprobarla”, “¡no es necesario ir a clases¡ ( porque me vasta con leer en mi casa, ya que sacarme notas que me permitan pasar es el objetivo de estudiar, ¡eso es estudiar!, y no importa el proceso de aprendizaje, el discutir en la sala de clases con los profesores y compañeros los temas)”, “no es necesario introducirse y entender realmente los temas de los ramos, si de todas formas, con una comprensión mínima puedo aprobar”. Y si de pruebas se trata, que más verídico que el hecho de que compañeros, en determinadas ocasiones, no entregan trabajos, no dan pruebas (no tienen justificación para no haberlas hecho), o dan la prueba pero no estudiaron, con la consiguiente mala nota, o ver como se tratan de posponer fechas de pruebas o trabajos que fueron dadas con  anticipación, con un tiempo prudente para realizar tales exigencias. Todo esto me habla de que nos falta avanzar a un nivel que nos proporcione la legitimidad para poder exigir excelencia. Debemos aprovechar lo que tenemos, para así, tener justificación al exigir más. Podemos considerar que nuestra actual educación es de lo peor, pero, para que la solicitud de calidad no sea una desfachatez, y si algo legitimo, debemos aprovechar al máximo lo que ya poseemos, debemos estrujar y sacarle el máximo de rendimiento a las clases y a los profesores, porque si no sucede eso, pasaremos a ser, y sin ningún derecho a reclamo, el objeto de burlas y de criticas de cualquiera que tenga la inteligencia mínima para ver que estamos siendo irracionales e inconsecuentes al pedir mejorías en lo educacional, pero no tener antecedentes que demuestren que somos dignos de esas mejoras.
     
Les pido que dejen de lado las ideas preconcebidas y comiencen a pensar de verdad, que piensen las situaciones, que las analicen como algo particular, porque eso es lo que son; ya que, por ser tales, o sea, por estar constituido por un conjunto único de características (que se dan en un contexto determinado, nunca equivalente a ningún suceso de su pasado), les es necesario esa nueva y verdadera reflexión; y no sigamos con la simple aplicación de categorías de pensamientos producto de tradiciones, pretendiendo que apliquen a cualquier hecho que se nos presente.
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martes, 15 de noviembre de 2011

La sociedad chilena del siglo XXI

Por Jose Patricio Chamorro Jara.
Estudiante pregrado Lengua y literatura
Hispánica de la Universidad de Chile.
Para nadie es novedad el plantearse el hecho concreto que vivimos en una sociedad de índole neoliberal, donde literalmente se alude a una nueva liberación, pero la pregunta que cabe realizarse es en qué consiste ésta. Frente a aquella interrogante, la respuesta es múltiple, desglosándose en el ámbito político (someramente esbozado), económico sobretodo, pues principalmente se centra en el libre cambio y tránsito de bienes y servicios, tanto a nivel país, como internacional. No obstante, aquello trae aparejado una serie de consecuencias, tales como una continúa privatización, un consumo incitado y provocado, que influye directamente en el factor social, entre muchos otros. Pero personalmente considero más transversal analizar este último, ya que es la sociedad la que se ve más afectada por este modelo.

            La sociedad, aquella comunidad de personas que posee raíces culturales, étnicas y territoriales en común, pero ¿ésta es sólo el conjunto de ellas o en este caso singular, el todo es más que la mera suma de las partes? En efecto, lo es, ya que si bien está constituida por individuos particulares y realidades diversas que en teoría, viven armónicamente, sin discriminación, de un modo pacífico y sin coartar la libertad del otro, fundamentos todos los cuales, sabemos que se encuentran diametralmente opuestos a la realidad de nuestro país; no se gesta de manera aislada, pues como sistema, posee el rasgo intrínseco de unidad de sus partes, donde si uno de sus elementos presenta un desperfecto, desencadenando una especie de efecto dominó, hará que todos los demás, ya sea directa o indirectamente se tambaleen como mínimo o se desplomen, ocasionando, por consiguiente, un estancamiento en el sistema.

            Es así, como se habrán percatado, nos enfrentamos a una constelación compleja de partes, donde la sociedad es lo que subyace, en tanto sistema, con sus segmentos respectivos, mencionados con antelación y, a su vez se manifiesta en diversos planos: económico, político, ideológico, entre otros. A continuación, retornando al nivel económico, éste en las últimas décadas se ha caracterizado por potenciar el desarrollo industrial de privados, relegando las empresas nacionales, hasta tal punto que hacia donde miremos, de norte a sur, nos veremos frente a ellas, pues gran parte de nuestra economía se ve repercutida por las decisiones de éstas, que por lo demás, se quedan con muchos de nuestros recursos económicos. Pero ése no es el problema principal, sino más bien las devastadoras y nefastas consecuencias que ello conlleva al medioambiente, puesto que para nadie es un tema tabú, tras el boom que provocó la problemática de Hidroaysén, que las empresas generan una contaminación tal que se convierte en el desencadenante fundamental de la sobreexplotación de recursos naturales, además de la muerte de flora y fauna en nuestro país. Respecto a lo anterior, no podemos soslayar la cantidad cada vez más abrumadora de especies autóctonas en peligro de extinción. Por otra parte, si bien concuerdo en que las industrias, casi de perogrullo son las que más destruyen los ambientes, nosotros como consumidores también poseemos nuestra cuota de culpabilidad.

            Y, evidentemente, nuestra cuota de culpabilidad, radica en el consumo irresponsable de bienes y servicios. Basta dirigirse al centro comercial más cercano (los comúnmente llamados “mall”), recorrer sus ajetreados espacios, tiendas, juegos de esparcimiento, los que en esencia no poseen una connotación negativa, sino que cuando se torna un exceso he ahí el problema y ¿qué creen que ha sucedido? Efectivamente nos hemos excedido, ya que cada vez más nos asemejamos a gringolandia, consumiendo como si el mundo se fuera a acabar, desde platos de comida rápida y los mil y un desechos de éstas, la tenencia exacerbada de bienes suntuarios, los que procederé a analizar en mayor profundidad.

            Cuando hablamos de bienes suntuarios, generalmente se hace alusión a aquellos que no son de primera necesidad y, por consiguiente, suelen obtenerse una vez satisfechas aquéllas más básicas, tales como la alimentación, salud, calor, vestimenta, lugar habitacional, entre otros. No obstante, la visión de aquéllos ha dado una vuelta de tuerca, pues ahora han llegado hasta tal punto, que, por ejemplo, se entienden prácticamente como primera prioridad los celulares, los que si bien en tanto medios de comunicación, se tornan necesarios, el hecho de poseer dos, tres, cuatro o incluso más por persona, al igual que computadores y una sarta de objetos más, de los que posteriormente nos libramos en determinadas ocasiones cuando han llegado a su obsolescencia o, en otras, simplemente cuando ha aparecido otro de mejor calidad. Pero lo que es aun peor y que está aparejado, es la contaminación que ellos generan, cuando preferimos botar, literalmente, al tacho de la basura, prendas de vestir en desuso, plásticos, vidrios y un centenar de etcéteras, que en vez de reciclarlos (situación trágica en Chile), simplemente esperamos a que llegue el camión de basura y que se los lleve lejos de nuestra vista. Lo que no quita que estén contaminando.

            Desde otra óptica, englobando este círculo vicioso, persiste lo que se ha venido a designar como obsolescencia programada, donde nosotros en tanto consumidores activos, no somos más que conejillos de indias, pues hay un entramado tal que ni siquiera nos percatamos que somos víctimas de él, por ello considero preciso relatarles de qué trata esta lamentable historia. Respecto a este tema, como de costumbre, reconozco que no soy un experto, pero sí quiero colaborar con la difusión crítica de aquello que nos afecta sobremanera, cuyo primer eslabón es la creación de objetos, cuya vida útil siempre es menor a la que debiese ser si sus fabricantes buscaran brindar un producto de calidad a sus usuarios o clientes, lo que dista en demasía de ser así. Un ejemplo clásico que suele emplearse es el de las ampolletas, -ante lo que si quieren indagar más, pueden recurrir a determinados reportajes, que han tratado en mayor extensión estas temáticas-, donde éstas en sus inicios tenían una duración que beneficiaba a muchos usuarios, pero que con el tiempo, pese al descubrimiento de otras de mayor duración, fueron descartadas, ya que no le convenía a los productores, puesto que eso implicaba una reducción en sus ganancias, debido a que los usuarios las renovarían de una forma más dilatada. Éste como se suele apuntar, es el primer caso que se conoce de la tal llamada obsolescencia programada, la que como habrán concluido, ocurre con gran parte de nuestros imperfectos artefactos electrodomésticos.

            Por otra parte, un segundo eslabón dentro de este viciado proceso, lo conforma la publicidad, la que se ha propalado desde sus cimientes, invadiendo cada vez más nuestros hogares, junto a sus pares mediáticos, tales como la televisión, Internet y periódicos, los que neutralmente hablando, no poseen una connotación negativa, pero cuando son manipulados, correspondiendo con una ideología preestablecida y, si a ello le sumamos un influjo hacia nuestros gustos e intereses, a través de técnicas persuasivas, cuyo afán radica en convertirnos en consumidores empedernidos, ahí se completa el ciclo para el cual estamos prácticamente acondicionados, similar a la visión que presentaba el libro “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley.
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